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sábado, 6 de diciembre de 2008

Cien...

Y como quien no quiere la cosa, hemos llegado al artículo cien.

Sí, ya sé que los minuciosos comprobarán el archivo y me dirán que hay ciento dos. Pero dos son videos que puse para ilustrar otros artículos. Recuerdo sus direcciones porque no tienen desperdicio y son algo difíciles de encontrar: el de Francisco Umbral y Mercedes Milá, y el del genial discurso final de "El gran dictador".

Y, bueno, que me ha pasado como a Lope de Vega:

Un soneto me manda hacer Violante,
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto,
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante
y estoy a la mitad de otro cuarteto,
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,

y parece que entré con pie derecho
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo y aun sospecho
que voy los trece versos acabando:
contad si son catorce y está hecho.

Lope de Vega

lunes, 7 de enero de 2008

El tiempo del cambio


Éste es el tiempo del cambio, el futuro se puede tocar... cantaba Miguel Ríos allá por los inicios de los ’80. El cambio sigue y se acelera a un ritmo vertiginoso. Tecnologías de la información, globalización, robótica, tarjetas inteligentes, nuevas formas de producción...y nosotros en el laberinto y ... ¿quién se ha llevado mi queso?... inmersos en la vorágine.

Ya Milton Friedman, precursor del neoliberalismo económico nos apuntaba la diferencia del siglo XX con respecto a todos los anteriores en su libro “Libertad de elegir”, “De la cuna a la tumba” se titulaba uno de sus capítulos dedicado a resaltar la uniformidad en el modo de vida de los siglos anteriores. Cierto que siempre había habido catástrofes, cataclismos que rompían un estilo de vida: pero eran eso, anormalidades en una vida pausada y poco sujeta a cambios.

Situémonos a principios del siglo XIX y pensemos en la tecnología, la filosofía, la ciencia de la época, especialmente aquellas de las que podía disponer una persona corriente. Pocas serían las diferencias con respecto a la época de los romanos. Situémonos en el tiempo actual, y pensemos en cuántas de las cosas de que disponemos no existían en 1900 ó 1950, por ejemplo. Nada de una vida de la cuna a la tumba, nada de poder vivir de rentas. El cambio, la adaptación son más necesarios que nunca en un mundo social sumido en un cambio permanente, en un cambio institucionalizado. Felices aquellos tiempos en que disponer de una renta perpetua era una garantía. Hoy nadie tiene nada asegurado, ni siquiera los ricos.

La civilización industrial, la del Taylorismo y del Fordismo han pasado a la historia. Ese trabajador oprimido por el maquinismo que tan magistralmente describió Charles Chaplin en “Tiempos modernos” ya es arcaico. La organización del trabajo ha variado de un modo sustancial comportando toda una serie de cambios sociológicos que afectan al individuo y a las estructuras sociales. El obrero que tan magníficamente representa Chaplin ya no es útil en la sociedad actual: no es flexible, no es adaptable, sólo sabe ajustar tuercas y repite el mismo gesto hasta la extenuación.

Flexibilidad y adaptabilidad son los nuevos dioses de la Nueva Economía. Flexibilidad laboral, flexibilidad en la educación, flexibilidad en las costumbres, movilidad laboral... todo menos estarse quieto. “¿Quién se ha llevado mi queso?” de Spencer Johnson es el título de un breve panfleto propagandista del nuevo credo Neoliberal. Veamos un breve fragmento de la obra (siento no tener ganas de reproducir el alarde tipográfico que resalta y refuerza las siguientes sentencias):

“El cambio es un hecho. El queso se mueve constantemente. Prevé el cambio. Permanece alerta a los movimientos del queso. Controla el cambio. Huele el queso a menudo para saber si se está enmoheciendo. Adáptate rápidamente al cambio. Cuanto antes se olvida el queso viejo, antes se disfruta del nuevo. ¡Cambia! Muévete cuando se mueva el queso. ¡Disfruta del cambio! Saborea la aventura y disfruta del nuevo queso Prepárate para cambiar rápidamente y disfrutar otra vez El queso se mueve constantemente.”


Éste es el mensaje de la Nueva Economía neoliberal. El libro no hace más que repetir hasta la saciedad este machacón mensaje: cambia, te lo pide la economía. El economicismo ha llegado a su cumbre. El homo economicus llega hasta sus últimas consecuencias, dispuesto a sacrificarlo todo: familia, sociedad, estilo de vida... en aras a la obtención de su queso. Pero... ¿quién demonios es el que nos cambia el queso de sitio?. Todo en función de la economía, pero ¿al servicio de quién o de qué está la economía?...

jueves, 3 de enero de 2008

Otro discurso es posible

Aquí estamos, dispuestos a seguir reflexionando.


En estos tiempos en que sólo un discurso prevalece, en que sólo un pensamiento se impone en las mentes de millones de personas, en que parece que se acerca el fin de la historia, en estos tiempos más que nunca conviene recordar que otro discurso también es posible.


Un discurso que debe empezar a abrirse camino, a penetrar en las mentes para ser complementado, para darle una armazón teórica y un contenido económico... estoy convencido de que es posible.


Un discurso integrador, apto para relativistas como yo, que huya de todas las verdades absolutas, de todas las imposiciones, de todos los radicalismos...


¿Por dónde lo empezamos?


Un buen punto de partida podría ser éste (es el discurso de El Gran Dictador, de Charles Chaplin):



Lo siento.


Pero yo no quiero ser emperador. Ese no es mi oficio, sino ayudar a todos si fuera posible. Blancos o negros. Judíos o gentiles. Tenemos que ayudarnos los unos a los otros; los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacernos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todos y la buena tierra es rica y puede alimentar a todos los seres. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las armas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia las miserias y las matanzas.


Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado a nosotros mismos. El maquinismo, que crea abundancia, nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos. Nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado, sentimos muy poco.


Más que máquinas necesitamos más humanidad. Más que inteligencia, tener bondad y dulzura.


Sin estas cualidades la vida será violenta, se perderá todo. Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos. La verdadera naturaleza de estos inventos exige bondad humana, exige la hermandad universal que nos una a todos nosotros.


Ahora mismo, mi voz llega a millones de seres en todo el mundo, millones de hombres desesperados, mujeres y niños, víctimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcelar a gentes inocentes. A los que puedan oirme, les digo: no deseperéis. La desdicha que padecemos no es más que la pasajera codicia y la amargura de hombres que temen seguir el camino del progreso humano.


El odio pasará y caerán los dictadores, y el poder que se le quitó al pueblo se le reintegrará al pueblo, y, así, mientras el Hombre exista, la libertad no perecerá.


Soldados.


No os entreguéis a esos que en realidad os desprecian, os esclavizan, reglamentan vuestras vidas y os dicen qué tenéis que hacer, qué decir y qué sentir.


Os barren el cerebro, os ceban, os tratan como a ganado y como carne de cañón. No os entreguéis a estos individuos inhumanos, hombres máquina, con cerebros y corazones de máquina.


Vosotros no sois ganado, no sois máquinas, sois Hombres. Lleváis el amor de la Humanidad en vuestros corazones, no el odio. Sólo los que no aman odian, los que no aman y los inhumanos.


Soldados.


No luchéis por la esclavitud, sino por la libertad. El el capítulo 17 de San Lucas se lee: "El Reino de Dios no está en un hombre, ni en un grupo de hombres, sino en todos los hombres..." Vosotros los hombres tenéis el poder. El poder de crear máquinas, el poder de crear felicidad, el poder de hacer esta vida libre y hermosa y convertirla en una maravillosa aventura.


En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando todos unidos. Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble que garantice a los hombres un trabajo, a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Pero bajo la promesa de esas cosas, las fieras subieron al poder. Pero mintieron; nunca han cumplido sus promesas ni nunca las cumplirán. Los dictadores son libres sólo ellos, pero esclavizan al pueblo. Luchemos ahora para hacer realidad lo prometido. Todos a luchar para liberar al mundo. Para derribar barreras nacionales, para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia.


Luchemos por el mundo de la razón.


Un mundo donde la ciencia, el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad.


Soldados.


En nombre de la democracia, debemos unirnos todos.