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martes, 13 de enero de 2009

El poder del azar

Si esta mañana hubiera dormido cinco minutos menos, si me hubiera demorado a la hora de preparar el desayuno, si... a lo mejor no podría haber escrito este artículo porque me habría atropellado un coche, quizás, en este caso, usted habría salido de su casa cinco minutos antes (lo que tarda en leer este artículo), hubiera tropezado con una piel de plátano y se habría desnucado...

Si la mamá de Napoleón hubiera llegado diez segundos tarde aquel día, no se habría fijado en aquel hombre que, a su vez, la miraba... Napoleón no habría nacido, ni vencido en Austerlitz, ni sido derrotado en Waterloo, ... ni Abba habría compuesto su canción...

Si Hitler se hubiera afeitado el bigote aquel día, tal como pensaba...

A menudo menospreciamos el papel que desempeña el azar en nuestras vidas. Azar y selección natural son los motores de la evolución y ésta explica el estado de la vida en la tierra.

Asimov tiene una deliciosa novela menor que orbita sobre este tema: "Asesinato en la convención".

Ahora, los científicos acaban de demostrar experimentalmente que la evolución es un hecho único e irrepetible, y que, de darse las mismas condiciones iniciales para la aparición de vida en la tierra, la probabilidad de que ésta hubiera evolucionado del mismo modo a como lo ha hecho es ínfima.

¿Estamos determinados por el azar? Azar y determinación, dos términos antitéticos y, sin embargo...

viernes, 2 de enero de 2009

Charles Darwin

Probablemente, el título de mejor científico de la historia se lo lleve Isaac Newton, pero el de más valiente le corresponde, por pleno derecho, a Charles Darwin.

Armado con las dos más revolucionarias armas jamás vistas, sus sentidos y su cerebro, salió nuestro héroe, del que ahora se cumple el bicentenario de su nacimiento, a recorrer mundo, y con sus armas, vio, analízó, reflexionó, y llegó a extraordinarias y revolucionarias conclusiones: la selección natural es el mecanismo que permite la diversidad de formas que adopta la vida en la tierra.

Así, según Freud, se produjo la segunda de las grandes revoluciones científicas. Tras la de Copérnico, que desplazó al hombre del centro del universo, se produjo la de Darwin, que redujo al hombre al producto de una larga cadena evolutiva desde animales inferiores... la tercera se la reservaría a sí mismo (modestia aparte).

Y sin embargo, a pesar de su valía como científico, a pesar de las aplastantes evidencias que sustentan su teoría evolutiva, a pesar de la unanimidad del mundo científico... todavía a estas alturas es necesario reivindicar a Darwin.

En pleno siglo XXI, todavía más de la mitad de americanos no creen en la teoría de la evolución, inclinándose por la versión bíblica de la creación, e incluso el actual presidente, por poco tiempo, profesa creencias creacionistas.

Así pues, desde el mono pensante que encabeza estas reflexiones, reivindiquemos al valiente Charles Darwin.