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viernes, 10 de abril de 2009

P2P y Constitución Española


El artículo 44.1 de la Constitución Española proclama: "Los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho."

Las redes informáticas entre iguales (P2P) suponen una posibilidad única para los individuos de acceso a los bienes culturales.

En consecuencia los poderes públicos no sólo no tienen que entorpecer, sino que están en la obligación de promover y tutelar (en el sentido de guiar, favorecer) el acceso a la cultura que se produzca a través de las redes P2P.

¿Acabará ello con la cultura?, ¿dejarán de producirse literatura, cine, teatro, arte... ? Bien, aquí se producen varios equívocos: En primer lugar, la cultura es previa al mercado y no al revés, como piensan ciertos pseudointelectuales, en segundo lugar, la creación cultural puede ser estimulada de muchas maneras: por ejemplo, pueden los estados, por el bien general, comprar los productos culturales (y no obligar a cada ciudadano a pagar por su uso, un absurdo tal como si un arquitecto quisiera cobrar cada vez que alguien admira una obra suya o un científico cada vez que alguien utiliza una idea suya) , en tercer lugar, no es menos cultura la que se produce en internet (wikipedia, blogs, etc.) que la que producen unos individuos y que quieren mercantilizar, en cuarto lugar ¿cuántos productores de cultura que no tendrían cabida en los cauces mercantilistas tradicionales son ahora visibles gracias a internet?

El acceso a la cultura está claramente privilegiado en la Constitución frente al derecho de creación artística, y ello es lógico: en la Constitución es el bien general el que debe imperar, frente a los bienes particulares.

Se puede argumentar que la Constitución también garantiza el derecho a la vivienda, y que éste no se cumple: bien, ahí habría que ver la distinta redacción de los artículos que garantizan dichos derechos:

Con respecto a la vivienda en el artículo 47 dice: "Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación." (es un mandato indirecto: promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes... aún así, considero que los políticos podrían hacer más para cumplir el mandato constitucional)

Con respecto a la cultura, el artículo 44 dice: "Los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho." (es un mandato directo, imperativo)

Por si cupiera alguna duda, la Real Academia Española define tutelar como guiar, amparar y defender. (Nada que ver con la segunda acepción que hace referencia a la tutela de los incapaces.)

En conclusión: Cualquier intento por parte de Dña. Ángeles González-Sinde de limitar o coartar el acceso a las redes informáticas P2P será claramente inconstitucional, pudiendo ser objeto del correspondiente recurso ante el Tribunal Constitucional.

Por otra parte, la escalada depredadora de un grupo de presión nos está haciendo olvidar lo obvio: también el canon que grava los sistemas de acceso y almacenamiento de bienes culturales es claramente, en mi opinión al menos, inconstitucional.

martes, 3 de marzo de 2009

El toque Lubitsch

Inicio de la película (Lo que piensan las mujeres, 1941), podemos leer un texto que pone:

"El hombre ha sido llamado con justicia el Rey de la Creación. Ha domado los más salvajes animales. Ha penetrado en lo más profundo de las selvas. Y ha sido capaz de llegar a la luna.

Pero todavía hay un sitio en la tierra donde jamás ha puesto los pies, ni siquiera ha sido capaz de echar un vistazo."

Acaba el texto y vemos en pantalla una puerta cerrada con un cartel "Ladies", es decir "Lavabo de señoras"

En esto consiste el célebre toque Lubitsch: una puerta cerrada puede decir más que cualquier imagen explícita. Este toque, desgraciadamente, está totalmente ausente del cine actual.

¿Conocemos los hombres a las mujeres?, viene a decir Lubitsch, pero yo ampliaría la pregunta casi hasta el infinito: ¿conocen las mujeres a los hombres? ¿y los hombres a los hombres? ¿y las mujeres a las mujeres? y más profundo todavía: ¿nos conocemos a nosotros mismos?

lunes, 22 de diciembre de 2008

El intercambio

Existe la incompetencia, existe la corrupción, existe el mal. Cuando incompetencia, corrupción y mal unen sus fuerzas, los resultados pueden ser devastadores para los seres humanos normales y corrientes.

El drama de una madre convencida de que le han cambiado a su hijo, intentando que una administración corrupta e incompetente la escuche... la prepotencia, la arrogancia, la sinvergüenza de una administración que, sin atender a razones, la humilla hasta extremos inhumanos.

Clint Eastwood, en plan maestro, nos ata a la silla en las casi dos horas y media de proyección (confirmando que el artículo "Noventa minutos" tiene excepciones). Excelente labor de actores, de ambientación, de vestuario, de montaje en una película que va narrando una historia de manera excelente, discurriendo con naturalidad. ¡Quién lo hubiera esperado de aquel pistolero inexpresivo que se paseaba por los desiertos de Almería!

Claro que hay algún efecto cinematográfico, como una llegada del héroe en el último momento, pero bueno, alguna concesión hay que hacer al efectismo, yo diría que casi la única de la película. Apenas escenas de acción, ni falta que hacen.

Al final, lo único que no me creí son los carnosos labios de Angelina Jolie (y eso que parece que son de verdad).

lunes, 17 de noviembre de 2008

Noventa minutos

Ayer fui a ver la película "Gomorra", basada en la novela de Roberto Saviano por la que éste está amenazado de muerte por la camorra napolitana. La película me decepcionó tanto desde el punto de vista cinematográfico como desde el de lo que se cuenta. Pero no quería hablar de ello, quería observar que modernamente la duración de las películas de cine se está normalizando en más de dos horas. Películas larguísimas que te hacen remover continuamente en el asiento de tu butaca.

No, en la época dorada del cine, la duración normal de las películas era de noventa minutos. Claro que había excepciones, "Lo que el viento se llevó", por ejemplo, pero eran excepciones generalmente justificadas, y recordemos que ya con esa película circulaba el chiste aquél de lo que el viento se llevó y lo que el culo aguantó.

En fin, que un director que no sepa contar una historia normal en noventa minutos es un incompetente. Es más, se debería obligar a todos los directores a rodar dos películas mudas antes de hacer un largometraje normal. Del cine mudo bebieron la mayoría de los grandes directores.

En cuanto a la camorra, ¿qué quieren que les diga? me repugna cualquier situación de poder en que alguien se crea por encima de la humanidad. Véase "El padrino" en sus tres entregas como ejemplo de gran cine. Alabado sea Coppola (con Hithcock, y Lubitsch, y Wilder, y Kubrick, y Ford, y Hawks, y...)