Mostrando entradas con la etiqueta Góngora. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Góngora. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de febrero de 2009

Góngora versus Quevedo

Andanada de respuesta del bravo Góngora, defensor del culteranismo, frente al conceptismo de Quevedo... la verdad es que, con la perspectiva de los años, no había tanta diferencia y sí muchas similitudes de ingenio e ironía (y también algo de crueldad y mal gusto):

Anacreonte español, no hay quien os tope.
Que no diga con mucha cortesía,
Que ya que vuestros pies son de elegía,
Que vuestras suavidades son de arrope

¿No imitaréis al terenciano Lope,
Que al de Belerofonte cada día.
Sobre zuecos de cómica poesía
Se calza espuelas, y le da un galope?

Con cuidado especial vuestros antojos
Dicen que quieren traducir al griego,
No habiéndolo mirado vuestros ojos.

Prestádselos un rato a mi ojo ciego,
Porque a luz saque ciertos versos flojos,
Y entenderéis cualquier gregüesco luego

Lo dicho: todas las guerras como ésta.

domingo, 15 de febrero de 2009

Quevedo versus Góngora

... y ya que en el último artículo citábamos al genial poeta Góngora, no podemos en éste dejar de citar a su íntimo enemigo, el no menos genial, Quevedo.

Y ya que tanto hemos defendido el pacifismo, el no a la guerra, en esta serie de artículos. ¡Ójala que todas las guerras fueran como la que mantuvieron nuestros dos geniales poetas!... guerras incruentas, sólo basadas en el ingenio, la inteligencia, la genialidad... guerras sin duda crueles, pero sin muertos, sin heridos, sin damnificados, sin mutilados, sin viudas, sin huérfanos, ... guerras comme il faut.

Y como muestra un botón, andanada de Quevedo contra Góngora (y perdón por el patente antisemitismo de la obra, con el que evidentemente estoy en desacuerdo, y que sólo puedo explicar, que no justificar, por el contexto histórico del Siglo de Oro):

Yo te untaré mis obras con tocino
porque no me las muerdas, Gongorilla,
perro de los ingenios de Castilla,
docto en pullas, cual mozo de camino;

apenas hombre, sacerdote indino,
que aprendiste sin cristus la cartilla;
chocarrero de Córdoba y Sevilla,
y en la Corte bufón a lo divino.

¿Por qué censuras tú la lengua griega
siendo sólo rabí de la judía,
cosa que tu nariz aun no lo niega?

No escribas versos más, por vida mía;
aunque aquesto de escribas se te pega,
por tener de sayón la rebeldía.

... y seguiremos con alguna contestación del amigo Góngora, que tampoco tendrá desperdicio...

sábado, 14 de febrero de 2009

Cupido

Ya le tenía yo ganas a este chiquillo travieso y avieso, que a veces atina y a veces desatina. Ya tenía ganas de ajustarle las cuentas.

Y tengo ganas de hacerlo con una poesía de Góngora, que suena fenomenal en la versión cantada de Paco Ibáñez, ésta:

Ciego que apuntas y atinas,
Caduco dios, y rapaz,
Vendado que me has vendido,
Y niño mayor de edad,
Por el alma de tu madre
—Que murió, siendo inmortal,
De envidia de mi señora—,
Que no me persigas más.
Déjame en paz, Amor tirano,
Déjame en paz.

Baste el tiempo mal gastado
Que he seguido a mi pesar
Tus inquïetas banderas,
Forajido capitán.
Perdóname, Amor, aquí,
Pues yo te perdono allá
Cuatro escudos de paciencia,
Diez de ventaja en amar.
Déjame en paz, Amor tirano,
Déjame en paz.

Amadores desdichados,
Que seguís milicia tal,
Decidme, ¿qué buena guía
Podéis de un ciego sacar?
De un pájaro ¿qué firmeza?
¿Qué esperanza de un rapaz?
¿Qué galardón de un desnudo?
De un tirano, ¿qué piedad?
Déjame en paz, Amor tirano,
Déjame en paz.

Diez años desperdicié,
Los mejores de mi edad,
En ser labrador de Amor
A costa de mi caudal.
Como aré y sembré, cogí;
Aré un alterado mar,
Sembré una estéril arena,
Cogí vergüenza y afán.
Déjame en paz, Amor tirano,
Déjame en paz.

Una torre fabriqué
Del viento en la raridad,
Mayor que la de Nembrot,
Y de confusión igual.
Gloria llamaba a la pena,
A la cárcel libertad,
Miel dulce al amargo acíbar,
Principio al fin, bien al mal.
Déjame en paz, Amor tirano,
Déjame en paz.

Pero no os preocupéis: la próxima flecha atinará más...

domingo, 1 de febrero de 2009

Matrimonio

Dijo Gregorio Marañón: Casi siempre que un matrimonio se lleva bien, es porque uno de los esposos manda y el otro obedece. Lo malo (o lo bueno, depende de cómo se mire) es que, a veces, uno se cansa de obedecer, y entonces sucede lo que escribió Góngora: Déjame en paz, amor tirano, déjame en paz...

Sobre el artículo de ayer, se me olvidó la noticia más espeluznante: se teme un estallido social en Europa. Lo dicho: tormenta económica.