Ya lo dice el Eclesiastés en tiempos de Ciro, el grande: No hay nada nuevo bajo el sol. Por cierto, que un día tenemos que hablar del Eclesiastés y del Cantar de los Cantares, dos de las obras cumbres de la literatura universal.
Veamos: un país, la mayor potencia económica y militar de la época invade a otro país. El invasor trae las ideas más avanzadas: libertad, igualdad, fraternidad, democracia, progreso,... y lo más adelantado de la civilización occidental. Los invadidos viven sojuzgados bajo una dictadura férrea, despótica, criminal. Atrasados, hundidos en el oscurantismo de una religión que se resiste con uñas y dientes a cada avance de la razón. Se enfrentan pues los principios de la civilización a los de las tinieblas, la luz a la oscuridad, el progreso y la civilización al atraso y la opresión, la democracia a la dictadura.
¿De qué estoy hablando?, ¿de Irak en el siglo XXI o de España en el XIX?, ¿de Sadam Hussein o de Fernando VII?, ¿de EE.UU. o de Francia?, ¿de Bush o de Napoleón?, ¿quiénes son los buenos y quiénes los malos?, ¿se puede exportar la democracia a la fuerza?, ¿se puede imponer la libertad a cañonazos? Definitivamente no existen los crímenes de guerra, eso es hipocresía, la guerra es el crimen. El mayor crimen.
