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lunes, 16 de febrero de 2009

Góngora versus Quevedo

Andanada de respuesta del bravo Góngora, defensor del culteranismo, frente al conceptismo de Quevedo... la verdad es que, con la perspectiva de los años, no había tanta diferencia y sí muchas similitudes de ingenio e ironía (y también algo de crueldad y mal gusto):

Anacreonte español, no hay quien os tope.
Que no diga con mucha cortesía,
Que ya que vuestros pies son de elegía,
Que vuestras suavidades son de arrope

¿No imitaréis al terenciano Lope,
Que al de Belerofonte cada día.
Sobre zuecos de cómica poesía
Se calza espuelas, y le da un galope?

Con cuidado especial vuestros antojos
Dicen que quieren traducir al griego,
No habiéndolo mirado vuestros ojos.

Prestádselos un rato a mi ojo ciego,
Porque a luz saque ciertos versos flojos,
Y entenderéis cualquier gregüesco luego

Lo dicho: todas las guerras como ésta.

domingo, 15 de febrero de 2009

Quevedo versus Góngora

... y ya que en el último artículo citábamos al genial poeta Góngora, no podemos en éste dejar de citar a su íntimo enemigo, el no menos genial, Quevedo.

Y ya que tanto hemos defendido el pacifismo, el no a la guerra, en esta serie de artículos. ¡Ójala que todas las guerras fueran como la que mantuvieron nuestros dos geniales poetas!... guerras incruentas, sólo basadas en el ingenio, la inteligencia, la genialidad... guerras sin duda crueles, pero sin muertos, sin heridos, sin damnificados, sin mutilados, sin viudas, sin huérfanos, ... guerras comme il faut.

Y como muestra un botón, andanada de Quevedo contra Góngora (y perdón por el patente antisemitismo de la obra, con el que evidentemente estoy en desacuerdo, y que sólo puedo explicar, que no justificar, por el contexto histórico del Siglo de Oro):

Yo te untaré mis obras con tocino
porque no me las muerdas, Gongorilla,
perro de los ingenios de Castilla,
docto en pullas, cual mozo de camino;

apenas hombre, sacerdote indino,
que aprendiste sin cristus la cartilla;
chocarrero de Córdoba y Sevilla,
y en la Corte bufón a lo divino.

¿Por qué censuras tú la lengua griega
siendo sólo rabí de la judía,
cosa que tu nariz aun no lo niega?

No escribas versos más, por vida mía;
aunque aquesto de escribas se te pega,
por tener de sayón la rebeldía.

... y seguiremos con alguna contestación del amigo Góngora, que tampoco tendrá desperdicio...

jueves, 29 de enero de 2009

Psicologías guerreras

En mi opinión y experiencia existen algunos rasgos de personalidad que podríamos calificar como de guerreros, de predispuestos a la guerra, serían los siguientes:
  • Incapacidad de olvidar: La memoria es una facultad maravillosa, reforzada desde la más tierna infancia en la escuela y valorada por todos, pero tan importante o más que la capacidad de recordar es la capacidad de olvidar. Jorge Luis Borges tiene un cuento maravilloso acerca del tema: Funes el memorioso. ¿qué ocurre cuando no somos capaces de olvidar el más mínimo agravio, la más mínima palabra ofensiva, el más mínimo acto que nos parece que va contra nosotros? evidentemente todos sufrimos agravios, palabras ofensivas, actos que interpretamos como dirigidos contra nosotros... es más, diría que esto sucede a diario, es necesaria la capacidad de olvidarlos, de centrarse en las cosas realmente importantes... cuando esto no sucede, cuando el sistema educativo nos enseña a no olvidar nunca nada, cuando se nos recuerdan continuamente los agravios... ocurre lo que a los hermanos Marx: ¡Traed madera, que es la guerra!

  • Incapacidad de perdonar: cuando falla la capacidad de olvidar, existe la capacidad de perdonar. Hay agravios, ofensas y actos que, a lo mejor, es difícil relegar al olvido. Pero, aún así, es importante no perder nunca la capacidad de perdonar. Todos hemos sido objeto de agravios inolvidables y todos habremos agraviado alguna vez de una manera inolvidable para el agraviado, inconscientemente la mayoría de los casos... si no somos capaces de perdonar: ¡Es la guerra!

  • Exacerbación del sentido del honor y la dignidad: en sus justos términos es muy necesario disponer de sentido del honor y la dignidad, en el sentido de exigir que los demás nos reconozcan y nos traten de acuerdo con nuestra condición y nuestros méritos adquiridos en la vida. Cuando estos sentimientos se exacerban, cuando cualquier acto, por minúsculo que sea, lo vemos dirigidos contra nuestro honor o nuestra dignidad, cuando anteponemos estos conceptos a cualquier otra consideración, entonces ¡es la guerra!, ¿Cómo estaba España cuando, en palabras de Calderón de la Barca, al rey la vida y la hacienda se tenían que dar, pero el honor era patrimonio del alma y el alma sólo era de Dios? en guerra constante...

Existen ciertas áreas geográficas con conflictos cuasi eternos: Oriente Próximo, los Balcanes, el Cáucaso... sería interesante ver en qué sentido la sociedad y, sobre todo, el sistema educativo, favorecen estos rasgos: la incapacidad de olvidar, la incapacidad de perdonar y la exacerbación de la dignidad y el honor.

Y, una vez más, solución para ello: yo sólo veo tres: educación, educación y educación, y aún así veo muy difícil y largo terminar con estas características fruto de siglos de circunstancias que las han favorecido.

miércoles, 7 de enero de 2009

Senderos de gloria y corbatas

Pocas películas describen la guerra tan bien como lo hace "Senderos de gloria" del maestro Stanley Kubrick.

Dos mundos: el de las trincheras, caótico, sucio, maloliente, pringado, dominado por el miedo y las bajas pasiones, ahí están los que ejecutan órdenes y el del castillo, lujoso, pulcro, limpio, ordenado, impregnado de la música de los valses y los bailes, ahí se decide sobre la vida y la muerte... sólo el personaje de Kirk Douglas ejerce de puente entre ambos mundos.

¿Acaso hoy no sucede lo mismo? en las trincheras están los palestinos, muriendo como ratas y los soldados israelíes, no menos víctimas, atemorizados y probablemente mandados a una guerra que no entienden; en el castillo, ahora las lujosas salas de la ONU, los salones presidenciales de ciertos países, las salas de consejos de ministros... pulcros señores encorbatados y alguna señora vestida de largo deciden sobre la vida y la muerte de miles de seres humanos.

Los lujosos, los pulcros, los limpios, los ordenados, los acostumbrados a la música de los valses y los bailes se llaman ahora Ehud Olmert, Tzipi Livni, Simon Peres,..., Mubarak, Sarkozi, Solana,..., los otros, los de las trincheras, desgraciadamente, no tienen nombre, pero seguro que si les pinchan, sangran, si les hacen cosquillas, se ríen, si les golpean, se amoratan, y si les envenenan, se mueren.

¡Que algún dios ponga sensatez a este mundo de corbatas...!

domingo, 4 de enero de 2009

Diario de una guerra


La imagen figura en la primera página de prácticamente todos los periódicos de hoy. ¿Qué es esta preciosidad?, ¿fuegos artificiales? No, son inocentes bombas de racimo.

Las bombas de racimo, cuando llegan a cierta altura, se deshacen en múltiples artefactos explosivos generando destrucción en un amplio radio de terreno, matando y mutilando de forma indiscriminada. Es imposible, con ellos, atinar un objetivo concreto. No, su misión es destruir de forma indiscriminada. Se ha propuesto de forma reiterada e insistente su prohibición, tropezando siempre con la oposición de los Estados Unidos. Ahora es Israel quien los está usando contra la población palestina de Gaza. ¿Quienes son los terroristas?

Por cierto, no tiene desperdicio el reportaje del periódico ABC que narra como Israel potenció a Hamás para oponerlo a Al Fatah, tema ya tratado en el artículo "Problema en Pollensa". Se repite lo ocurrido con Estados Unidos y Al Qaeda..., las criaturas se vuelven monstruosas..., al parecer, el "Frankenstein" de Mary Shelley debería figurar en la mesilla de noche de todos nuestros políticos.

Y mientras, ¿qué hace el Vaticano? Sí, mensajes genéricos apelando a la paz, pero a la hora de los hechos, oponiéndose más a las píldoras anticonceptivas (causantes de la contaminación en la tierra y de la infertilidad de los hombres????), repitiendo la historia de siempre: predican por la paz, pero sacan bajo palio a sangrientos dictadores, bendicen las guerras, y vuelven los ojos a la hora de actuar contra genocidios.

Y lo mismo la ONU...

Mundo...

domingo, 28 de diciembre de 2008

El peor terrorismo

Ante las noticias de Gaza uno se queda mudo, anonadado, impactado. De nuevo la guerra, la destrucción, los heridos, los mutilados, las viudas, los huérfanos,... Ahora se ha puesto de moda justificarla con el terrorismo: es la guerra contra el terrorismo, qué ironía, qué invento del peor presidente habido en los Estados Unidos.

Es absurdo pretender emplear los números en estas cuestiones, pero si de eso se trata: ¿cuántos muertos causaron los atentados de Nueva York? ¿cuántos la guerra de Afganistán? ¿y la de Irak? ¿cuántos muertos han causado los misiles de Hamás contra Israel? ¿cuántos los ataques israelíes contra las posiciones palestinas?

Y hay una gran diferencia: el terrorismo está causado por criminales al margen de la ley, la guerra está causada por estados (presuntamente creados para defendernos) con todo el poder, armamentos, investigación, y toda la fuerza libremente entregada por los ciudadanos.

Además, todos sabemos que la violencia sólo engendra más violencia.

No, es hora de gritarlo con fuerza: la guerra es el peor terrorismo, el más criminal, el más mortífero, el que genera mayor sufrimiento.

¡El peor terrorismo es la guerra!

jueves, 25 de diciembre de 2008

Guerra y paz

Ayer fue Nochebuena: noche de paz, hoy es Navidad: paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. ¿Y por qué no las restantes 364 noches y los restantes 364 días del año? No, paz siempre, la guerra es cruel, no hay que humanizarla ni que edulcorarla, hay que mostrarla en toda su crudeza, en su esencia: la maldad.

Uno de los párrafos literarios que más me han hecho pensar es el siguiente fragmento de Guerra y Paz, de León Tolstoi, en él se nos muestra la guerra sin máscaras, sin maquillajes, sin pestañas postizas, la guerra tal como es. Léamoslo por la paz:

- Ni un prisionero - continuaba el príncipe Andrés -esto sólo cambiaría el carácter de la guerra, haciéndola menos cruel. Nosotros hemos sido magnánimos, y éste es el mal, hemos jugado a la guerra. Esta magnanimidad y esta sensibilidad son, en la guerra, las de una señora que se pone mala al ver matar a un becerrito: es tan buena que no puede ver sangre, pero se come el becerrito con buen apetito cuando se lo sirven guisado. Se nos habla del derecho de la guerra, de la caballerosidad, del parlamentarismo, de los sentimientos humanos para con los desgraciados, etcétera. ¡Tonterías! ¡En mil ochocientos cinco vi la caballerosidad y el parlamentarismo! Nos hemos engañado, nos hemos engañado. Te roban la casa, ponen en circulación billetes falsos, matan a mis hijos y a mi padre y se habla del derecho de la guerra y de magnanimidad para con los enemigos. ¡Ni un prisionero, sólo ir a matar o la muerte! El que como yo ha llegado a estas conclusiones, por lo mismo que ha padecido...

El príncipe Andrés, que creía que le era indiferente que Moscú fuera o no tomado como lo había sido Smolensk, se interrumpió bruscamente y un sollozo inesperado le agarrotó la garganta. Quedó un momento silencioso, pero sus ojos brillaban de fiebre y los labios le temblaban cuando volvió a hablar.

- Si en la guerra no hubiera magnanimidad, sólo marcharíamos cuando fuera necesario, como hoy, ir a la muerte. No habría guerra únicamente porque Pablo Ivanich hubiera ofendido a Pedro Ivanich. De este modo, todos los westfalianos y hessianos que Napoleón lleva consigo no le seguirían a Rusia y nosotros no hubiéramos ido a batirnos a Austria y a Prusia sin saber por qué. La guerra no es una cosa graciosa, sino muy fea y desagradable, por lo que es preciso comprenderla y no convertirla en juego, aceptando seria y serenamente esta terrible necesidad. La cuestión reside en esto: apartad la mentira, y la guerra será la guerra y no un juego; de otro modo, la guerra se convierte en la diversión predilecta de la gente ociosa y ligera... -

Paz a todos, siempre...

martes, 11 de noviembre de 2008

El jinete infame

Otra vez... la guerra... la infinita guerra... la eterna guerra.




Ahora es en el Congo, pero toda la historia de la humanidad está marcada a sangre y fuego, en todos sitios, en todas las épocas.

Otra vez ese maldito jinete azotando la tierra, ¡cuántas veces lo hemos visto ya!, ¡cuántas veces las pobres gentes han tenido que coger sus pocas pertenencias y huir.. huir...!

Huir, no se sabe dónde, ni en qué condiciones, con los colchones, pobres colchones al hombro, pasando calor, frío, hambre, sed, calamidades... a merced de su suerte... resignados...

Los ojos de la mujer lo dicen todo: atónitos, estupefactos, mirándonos, mirando nuestra inutilidad, nuestra apatía, nuestra indiferencia... "¡y tú qué haces!" -parecen decirnos- "¡qué miras!"

y nosotros, ¿qué respondemos? Nada, silencio...

Y, ¿qué contesta Dios?, al parecer está muy ocupado buscando un camino para que Sarah Palin pueda llegar a la Casa Blanca... No, si Dios existe, seguro que tiene otras prioridades...

¡Cuánta caradura en el mundo!

lunes, 24 de septiembre de 2007

¿Quedaba alguna duda?


Irak... meterse en guerras, ¿para qué? Bueno, si analizamos la historia, veremos que la mayoría de las guerras han tenido un móvil económico. Ésta no es una excepción, ya lo ha dicho hasta Allan Greenspan. Pero, ¿a alguien le quedaba alguna duda? El petróleo puede ser una bendición... o la ruina.


Y, ¿qué se ha conseguido? Al contrario de lo que nos prometieron, se ha desestabilizado más una región ya de por sí inestable. Y ahora occidente está con el agua al cuello: Hoy han muerto dos soldados españoles en Afganistán, en Irak ha surgido un semillero de terroristas, Irán está en el punto de mira, Palestina se divide, Arabia Saudí, Pakistán y otros países del área están pendientes de sus respectivas dictaduras... no se atisba solución...


¿Qué ha hecho mal Occidente en la región? La pregunta está mal formulada, pues, ¿qué ha hecho bien? desde el siglo XIX, el del colonialismo, desde el fin del Imperio Otomano, la región ha sido objeto de decisiones absurdas: desde fronteras arbitrarias hasta la imposición, sin la menor negociación, del estado de Israel.


No, más de dos siglos de errores no se corrigen fácilmente... a mí, personalmente, sólo se me ocurre una solución: el progreso económico cultural de estos países... pero cada acción va en contra de dicha solución, ya veremos, pero veo la situación difícil.


Y una pregunta, ¿es la guerra una solución al terrorismo?, ¿bombardear una ciudad una solución para atajar a un... (dejo el calificativo al criterio del lector) que quiere poner una bomba o estrellar un avión?, ¿masacrar a una población una solución para encontrar a un terrorista?... nuestro amigo Aznar sigue empeñado en que sí.


¿Qué os parece?

viernes, 24 de agosto de 2007

... pero puede apuntar en dos direcciones


El nunca bien ponderado Isaac Asimov tiene una frase en su extraordinaria Fundación, que pone en boca de uno de sus grandes personajes: "La pistola atómica es un buen arma, pero puede apuntar en dos direcciones". ¡Qué gran verdad!, ¡cómo la historia ratifica estas palabras del futuro!


Veamos:


O, ¿hacemos ficción futurista?



  • ¿De dónde habrá sacado la futura nueva república islámica de Pakistán sus armas?, ¿acaso no se las habrán proporcionado los EE.UU. a su amigo Musharraf?

  • ¿Y los radicales saudíes, de dónde habrán sacado sus armas?...

Los ejemplos son claros. Pero en este tema culpar sólo a EE.UU. es de necios. ¿Acaso la URSS no llenó el mundo de armas?, ¿Rusia no sigue haciendo lo mismo?, ¿y España?, ¿y Francia, y el Reino Unido, y...? No, ahí el que esté libre de pecado que tire la primera piedra (mejor que no la tire, porque hasta la piedra puede volver).


Definitivamente, las armas son muy buenas para matar, pero cuidado, nunca se sabe a quién acabarán matando.


... seguiremos reflexionando.

martes, 14 de agosto de 2007

No hay nada nuevo bajo el sol

Ya lo dice el Eclesiastés en tiempos de Ciro, el grande: No hay nada nuevo bajo el sol. Por cierto, que un día tenemos que hablar del Eclesiastés y del Cantar de los Cantares, dos de las obras cumbres de la literatura universal.


Veamos: un país, la mayor potencia económica y militar de la época invade a otro país. El invasor trae las ideas más avanzadas: libertad, igualdad, fraternidad, democracia, progreso,... y lo más adelantado de la civilización occidental. Los invadidos viven sojuzgados bajo una dictadura férrea, despótica, criminal. Atrasados, hundidos en el oscurantismo de una religión que se resiste con uñas y dientes a cada avance de la razón. Se enfrentan pues los principios de la civilización a los de las tinieblas, la luz a la oscuridad, el progreso y la civilización al atraso y la opresión, la democracia a la dictadura.


¿De qué estoy hablando?, ¿de Irak en el siglo XXI o de España en el XIX?, ¿de Sadam Hussein o de Fernando VII?, ¿de EE.UU. o de Francia?, ¿de Bush o de Napoleón?, ¿quiénes son los buenos y quiénes los malos?, ¿se puede exportar la democracia a la fuerza?, ¿se puede imponer la libertad a cañonazos? Definitivamente no existen los crímenes de guerra, eso es hipocresía, la guerra es el crimen. El mayor crimen.


miércoles, 1 de agosto de 2007

De profecías

¿Es difícil ser profeta? Existiendo Bush y Aznar podríamos decir que no. Veamos una carta que escribí antes de empezar la guerra de Irak y que envié a mi universidad:

YO ACUSO.
Carta abierta al Sr. D. José María Aznar, presidente del Gobierno de España.

Sr. presidente,
¿Me permitirá usted que me preocupe por su gloria futura y le diga que su estrella, afortunada hasta ahora, se ve amenazada por la más vergonzosa e imborrable de las manchas?
Usted tenía la confianza del pueblo español. No obstante, ¡qué mancha de chapapote sobre su nombre –iba a decir sobre su reinado- ha arrojado el abobinable caso de la guerra en Irak. España acaba de aliarse para iniciar una guerra. Se acabó, España ostentará ahora esa mancha en la mejilla y la historia escribirá que semejante crimen social fue posible bajo su presidencia.
Pero si usted se ha atrevido, yo también me atreveré. Mi deber es hablar, no quiero ser cómplice. Mis noches se verían asediadas por el espectro de miles de víctimas inocentes que, habiendo padecido el suplicio de un embargo, las consecuencias de un dictador cruel y sanguinario, va a padecer ahora las consecuencias de una guerra, uno de los cuatro jinetes del apocalipsis.
Y a usted, señor presidente, le gritaré esa verdad, con toda la fuerza que me da mi rechazo de hombre decente.
Ante todo, la verdad sobre la guerra en Irak.
Todo lo ha dirigido, todo lo ha realizado un hombre nefasto, el presidente de los Estados Unidos de América George W. Bush. Él es prácticamente el causante de la guerra; pero no se sabrá hasta que una investigación independiente y neutral establezca claramente sus actos y sus responsabilidades. Posee la mente más turbia, más enrevesada y obsesionada por el control imperial del mundo que conozco, y se vale de los medios de comunicación y de su inmenso poder. Él maquinó un nuevo orden mundial, del que Estados Unidos fuera señor absoluto, con absoluto desprecio de las demás naciones de la tierra, excepto las que públicamente declararan su acatamiento y su sumisión al Imperio. No tengo porqué contarlo todo; que busquen, ya encontrarán. Declaro sencillamente que el presidente George W. Bush, es el primer culpable del espantoso crimen que está a punto de cometerse.
Está a punto de cometerse el más espantoso crimen contra la legalidad internacional. Un grupo minoritario de naciones, sin el menor amparo legal (su única excusa es la resolución 1441 que habla de “serias consecuencias”. ¿Acaso una guerra es sólo una seria consecuencia?, ¿los miles de muertos serán sólo una seria consecuencia?).
¿Hablamos del petróleo?, por cierto ¿qué industria es la que ha aupado en riqueza y poder a los Bush hasta dos presidencias de los Estados Unidos?¿Es el petróleo la causa de que se tenga que armar una guerra, incluyendo la invasión de un país, en vez de atacar sólo al dictador y sus riquezas?, ¿Es el petróleo la causa de que Sadam Hussein, presidente iraquí, sea el único dictador cruel y sanguinario que exista en el mundo? por cierto ¿será el petróleo la causa de que Estados Unidos vendiera a Irak armas de destrucción masiva antes de la guerra contra Irán? porque ¿fueron Estados Unidos los que vendieron dichas armas?, verdad.
¿Hablamos de las armas?¿qué país del mundo es el que tiene más armas de destrucción masiva?¿No es cierto que la industria armamentística necesita destrucciones masivas de armas cada diez años aproximadamente? lo contrario sería obviamente antieconómico. Pero sobre la economía podríamos decir tantas cosas que nos iríamos lejos del contenido de esta carta, señor Aznar.
A pesar de todo ello, le podríamos aplicar al señor Bush un pequeño eximente. Gracias a su inmenso poder y a su control sobre los medios de comunicación, gracias a su manipulación del atentado terrorista del 11 de septiembre de 2.001, gracias a la lejanía geográfica y cultural entre Estados Unidos e Irak, el señor Bush tiene a su lado a la mayoría de la opinión pública de su país.
Claro que al lado de dicho eximente, podríamos oponer un agravante: el señor Bush ganó las elecciones a la presidencia de su nación gracias a un puñado de votos obtenidos en un estado con un sistema antediluviano de votación y gobernado, sospechosamente, por su hermano, Jebb Bush.
¿Hablamos del proceso de la guerra? Irak, fiel aliado de los Estados Unidos hasta entonces, invade Kuwait en el año 1.990, en flagrante conculcación del derecho internacional, y con la posesión de armas de destrucción masiva que previamente le habían vendido los Estados Unidos para liberarse del régimen islámico de Irán. Una inmensa mayoría de naciones están entonces de acuerdo en reponer la legalidad internacional, formando una coalición de más de treinta naciones para realizar el ataque. Rusia, China, la Unión Europea, bastantes países árabes, y la mayoría de naciones del resto del mundo están de acuerdo en realizar el ataque. Ataque que debería haber sido selectivo contra Sadam Hussein.
El ataque se produce, pero sólo Sadam Hussein sale beneficiado, todo su pueblo padece diez años de hambre y privaciones, ¿cuántos niños no han muerto por no haber liberado a Irak de tan terrible dictador? niños que podrían haber sido un Shakespeare, un Einstein o un Juan XXIII. Pero extrañas razones de geopolítica o una humillante falta, real o voluntaria, de tecnología para acabar con el dictador, permiten que éste continúe en su puesto durante más de diez años más. A pesar del incumplimiento sistemático de las resoluciones de las Naciones Unidas, y dejando que el pueblo iraquí siguiera sufriendo.
Y llegamos al dramático acontecimiento del 11 de septiembre que todos conocemos. Un atentado que se realiza con una simple navaja como única arma y que causa miles de víctimas en Nueva York. Un atentado en el que se utilizan aviones de los Estados Unidos para realizar todo el destrozo. La nación americana sale, con razón, conmocionada por el terror. Parece que el atentado fue realizado por una red terrorista, similar a cualquier red terrorista mundial, llamada Al Qaida y parece que dicha red terrorista tenía su sede en Afganistán. Nada justifica una guerra. Como prueba de ello, simplemente decir que Ben Laden, líder de Al Qaida sigue con vida, mientras que miles de Afganos han muerto por efecto de la guerra, mientras que la situación real del país prácticamente no ha variado desde los tiempos de los talibanes.
Bueno, dicha guerra me parece injustificable e injustificada, pero su justificación por los atentados terroristas podría ser un buen atenuante. Un buen atenuante para todos, menos para quien sepa que terrorismo y guerra son dos fenómenos totalmente separados. Y eso lo sabemos fundamentalmente los españoles, señor Aznar. Afortunadamente a Franco no se le ocurrió bombardear San Sebastián, Bilbao y Vitoria para atajar el terrorismo etarra.
¿qué solucionaremos atacando Irak? Las armas de destrucción masiva están prácticamente disponibles en internet para cualquier terrorista. ¿Necesitan los terroristas de un estado para obtener un botecito de ántrax o una bomba atómica? Sinceramente creo que no. Por otro lado ¿es justificable una guerra, donde morirán decenas de miles de personas o más como solución preventiva frente a un ataque terrorista? ¿No es mejor dejar a la pobre gente inocente en paz y atajar el problema de raíz, mediante una justicia internacional que capture directamente a los dictadores o (y conste que la solución no es de mi agrado) mediante el magnicidio? Como dijo F. Forsyth en “Los perros de la guerra”, todos los millones de muertos de la segunda guerra mundial podrían haberse ahorrado con un mercenario y una bala. Claro que el magnicidio no es de mi agrado, pero si existiera un sistema legal internacional creo que podría tener cabida merced al inmenso poder que acumulan los hombres de estado, los magnos personajes.
Llegamos así a la guerra. Pero lo más grave del caso, como decía, es que usted y el señor Anthony Blair han apoyado dicha guerra, en el caso del señor Blair contra la opinión de 1/3 de su parlamento y en su caso contra la opinión de casi ½ de su parlamento, en ambos casos con oposición de sus respectivas opiniones públicas.
Para no alargar esta carta, olvidémonos del señor Blair, Dios y la historia le juzgarán. Olvidémonos del señor Berlusconi (El caballero), olvidémonos de la situación de Australia, de la de Turquía, de la de Bulgaria y de la de otras excepciones de menor importancia.
Vayamos a Usted, señor Aznar. A usted que sabe mejor que nadie el problema del terrorismo, a usted que sabe mejor que nadie que ninguna guerra puede acabar con dicho fenómeno (¿por qué no invadimos Francia cuando ésta no nos daba su colaboración?, ¿por qué no se militarizó al País Vasco?), a usted (y a su partido) que tanto han sufrido con el terrorismo habría que preguntarles: ¿estarían de acuerdo las víctimas del terrorismo con una guerra para [no] acabar con dicho fenómeno? ¿estarían de acuerdo los pobres concejales del País Vasco, que sólo luchan por la libertad, con una guerra? Sinceramente creo que no señor Aznar. A lo mejor podríamos dejar hablar a los miembros independientes de “Basta ya”.
¿No está usted exponiendo a España al terrorismo islámico, señor Aznar? Muchos opinamos que la guerra no sólo no acabará con el terrorismo sino que lo potenciará, la vieja Europa ha demostrado que además de vieja es sabia. Frente al espíritu vaquero de los americanos, al apoyo de sus primos británicos, y a su vasallaje, señor Aznar se han levantado las voces de la vieja Europa, las voces de Francia, de Alemania, de Rusia, en desacuerdo total con los americanos. Se ha levantado la voz del Papa, una voz que dice que por haber sobrevivido a una guerra, no puede y no quiere aceptar otra. Por cierto, ¿es usted católico señor Aznar? Estoy seguro de que su conciencia tiene que impedirle dormir muchas noches.
Una inmensa mayoría de su nación está en contra de la guerra, señor Aznar, la Unión Europea, que tanto ha costado levantar está en peligro por la guerra, la Organización de Naciones Unidas, que tanto bien ha hecho a la humanidad a pesar de su inoperancia ha sido ya de hecho la primera víctima de la guerra. La legalidad internacional ha sido ya víctima de la guerra. El orden mundial está siendo ya víctima de la guerra, y usted está siendo uno de los máximos responsables.
En los horribles días de confusión moral que estamos viviendo, en un momento en que la conciencia pública está en su contra, a usted señor Aznar me dirijo.
Cada día, al leer en los periódicos el progreso hacia la guerra aumenta mi estupor y se solivianta mi espíritu. ¿Cómo? señor Aznar, ¿es su gobierno el que ha llegado a eso, a convencerse de las mentiras más evidentes, a atacar al pobre y empobrecido pueblo iraquí (no me hará creer que estas bombas que vemos caer no matan, además de destruir un país), a parecerse a los terroristas matando gente (ya dijo Marco Aurelio, filósofo y emperador, que la mejor forma de acabar con ellos es no parecerse a ellos (se refería a los bárbaros), y usted, señor Aznar, se está pareciendo cada vez más a los terroristas).
¡Qué angustia y qué tristeza, España, hay en el alma de los que te quieren, de los que desean tu honor y tu grandeza! Con aflicción contemplo esta mar turbia y encrespada de la guerra, me pregunto cuáles son las causas de la tempestad que amenaza con llevarse la paz y tu gloria. La situación reviste una gravedad mortal, veo síntomas que me inquietan, por eso la opinión pública y yo, debemos seguir hablando, atrevernos a decirlo todo, debemos seguir mejorando España, aunque ello vaya contra su gobierno, señor Aznar.
¡Vamos a luchar por la humanidad, la verdad, la justicia! ¡Vamos a luchar por una legislación internacional justa! ¡Vamos a luchar por la paz, contra la guerra ahora y siempre! ¡Vamos a luchar contra el terrorismo, pero con las armas adecuadas, ahora y siempre!
Pero la carta se alarga, señor presidente, y ya va siendo hora de concluir.
Yo acuso a George W. Bush de promover una guerra, defender los intereses de su nación frente a los intereses de la humanidad, acabar con la obra de ilustres antecesores como Abraham Lincoln y que probablemente hubiera continuado el señor Gore, a quien le arrebató, en forma indigna, la presidencia de los Estados Unidos.
Acuso al señor Blair de seguir a ciegas la política imperialista del señor Bush, contra la opinión pública de su país y contra la opinión pública internacional, contra la opinión de muchos miembros de su propia mayoría parlamentaria, de ir contra la Unión Europea para rendir tributo al señor Bush.
Acuso al señor Hussein de ser causante indirecto (indirecto porque sólo el que ataca puede ser causante directo) de la guerra, le acuso de oprimir a su pueblo y de ser un dictador sanguinario que se ha hecho acreedor a un magnicidio, siempre que un tribunal internacional justo e independiente de los gobiernos así lo decida, para evitar una guerra. Nunca justifico la pena de muerte, sólo me la puedo plantear cuando la persona haya acumulado tanto poder y tanta riqueza, cuando haya cometido tantos crímenes que ya no quepa otra solución para evitar que los siga cometiendo, y siempre bajo la legalidad internacional.
Acuso a todos los dictadores y a algunos presuntos demócratas, de todo color y signo político, de ser crueles, sanguinarios y de oprimir a sus poblaciones. Les acuso de conculcar las más elementales normas del Derecho Natural Internacional e insto a la comunidad de naciones a acabar con todas las situaciones de impunidad. ¿Hablamos de Turkmenistán?, ¿por qué no acabamos con el Padre de los Turcomanos?, ¿porque no tiene petróleo?, a él todavía podemos cazarlo en alguna reunión multilateral.
Le acuso a usted, señor Aznar de ser uno de los tres provocadores máximos de la guerra, de ir contra la opinión pública de su país, contra casi la mitad del congreso de diputados, de confundir terrorismo y guerra, cuestión especialmente grave en quien ha sufrido el terrorismo, de separar a nuestro país de los principales miembros de la Unión Europea, de acabar con la Organización de Naciones Unidas, de propugnar un nuevo orden mundial absolutamente imperialista e injusto en contra de los intereses de su pueblo y de la construcción europea, de exponer a su país a una forma de terrorismo más cruel y sanguinaria que la conocida hasta ahora, de atacar a la principal fuente de riquezas de su país.
En cuanto a su decisión de mandar sólo contingentes humanitarios a la guerra, no insulte de nuevo a la opinión pública española, no somos tan inocentes, relea por favor “Guerra y Paz” de Tolstoy, es mejor que no haya humanitarismo en la guerra. La guerra es tan cruel, tan injusta, produce tanto sufrimiento que es contraproducente humanizarla, lo que hay que hacer es mostrarla en toda su crudeza, en toda su inhumanidad, no hacerla, acabar con ella. Pretender paliar una guerra mediante un programa humanitario es como pretender curar un cáncer con aspirinas, señor Aznar, quedémonos en España. No seamos cómplices de la expoliación a que se va a someter al pueblo iraquí tras la guerra, amparándonos en nuestra ayuda humanitaria. ¿A quién van a ir los beneficios del petróleo tras la guerra, a compañías multinacionales americanas de quien el señor Bush es accionista o al pueblo iraquí? usted conoce la respuesta mucho mejor que yo, señor Aznar.
No tengo ni idea de si con tales acusaciones me expongo a que se me castigue por difamación o cualquier otro cargo. Pero me arriesgo voluntariamente.
En cuanto a las personas a las que acuso, incluido usted, no las conozco, sólo las he visto en fotografía o por televisión, no siento hacia ellos ni rencor ni odio. Para mí sólo son entes, espíritus de perversión social. Y el acto que ahora ejecuto no es más que un medio, no sé si revolucionario en nuestros días, para acelerar la explosión de la verdad y de la justicia, también de una justicia internacional que, hasta ahora, no existe.
Sólo anhelo una cosa, y es que se haga luz en nombre de la humanidad que tanto ha sufrido y que tiene derecho a la búsqueda de la felicidad. Mi ardiente protesta no es más que un grito que me surge del alma. ¡Que se atrevan pues a llevarme a los tribunales y que la investigación tenga lugar a plena luz del día!
Entretanto, espero. Siempre hay tiempo para la paz.
Escribo esta carta, señor presidente, el día de su santo. Le deseo pues felicidad, a pesar de que acabemos con la felicidad de miles de iraquíes.
No sé si le enviaré esta carta, si la compartiré sólo con amigos o si la mandaré a los medios de comunicación, en todo caso acepte, señor presidente, mi más profundo respeto. Y perdonemé si la felicitación por su santo le llega tarde.

Como ya habrá adivinado por el plagio y la menor calidad de mis aportaciones, esta carta no la firma Zola, a él, sin embargo, que murió por defender sus ideas en el caso Dreyfus se la dedico, él la habría hecho infinitamente mejor, pero creo que el fondo le habría gustado. Por ello me he permitido plagiarle en muchos de los párrafos anteriores y en el título de esta carta abierta.

Rafael Pascual Roca


¿Profecía? En absoluto: sólo sentido común.